miércoles, 11 de marzo de 2015

LA AUTOMATIZACIÓN DE CONDUCTAS

Podemos definir la automatización como la creación de patrones de conducta, simples o complejos, que requieren un mínimo de recursos atencionales para ser ejecutados y permiten la ejecución paralela de otros tipos de conducta aunque sea de naturaleza diferente.
La gran ventaja que nos ofrece la automatización de conductas es el ahorro de recursos atencionales, liberando capacidad de focalización en otros estímulos o conductas.
Respirar, parpadear, caminar, reaccionar, hablar, etc... son algunos de los procesos básicos automatizados, conductas relativamente complejas en las que no tenemos que focalizar nuestra atención para ejecutarlas.
Cuando abordo el tema de la automatización con los deportistas que trato les explico las ventajas de la automatización, pero también del peligro que supone automatizar erróneamente una conducta o algún aspecto de la misma, de forma que cuando se ejecute siempre se cometerá el mismo fallo o error. Por tanto, la automatización de conductas es muy ventajosa siempre y cuando el proceso de automatización se haya realizado correctamente.
El lanzamiento de un tiro libre, la técnica de natación o de tenis, el autodiálogo, una transición de triatlón, una técnica de ataque en lucha, y muchos aspectos más, es deseable poseer patrones automáticos de ejecución, pero si durante el proceso para conseguir la automatización se incluye algún error, éste se ejecutará siempre, a menos que efectuemos su corrección, lo que significa una tarea larga y repititiva.
En mi explicación sobre la automatización a los deportistas que trato les suelo ilustrar con el siguiente ejemplo:
En una Universidad de Florida se realizó un experimento con (y para) unos estudiantes de Psicología que pertenecían al equipo universitario de natación. Se les llevó a alta mar y, una vez en aguas profundas, debían tirarse al mar y simplemente nadar. La tarea no era difícil, puesto que eran todos buenos nadadores. Lo único que les incomodaba era el mar oscuro y el miedo a que apareciera algún tipo de “monstruo marino” y los engullera. Pero la razón del experimento era hacerles perder el automatismo del nado en sí, por lo que los experimentadores, desde la borda del barco, empezaron a poner en duda su capacidad de nadar, urgiendo al grupo de que se centrara en lo mal que estaban nadando y el peligro de que acabaran en el fondo del océano. Lo que consiguieron fue crear un verdadero pánico en el grupo y se vieron forzados a sacarlos del mar con celeridad.
Con este ejemplo pretendo ilustrar que la pérdida del automatismo (también se puede conceptualizar como hacer consciente lo que no era) lacra la técnica deportiva. Si un tenista centra su atención en cómo ejecutar un revés durante un partido, puede que este revés no le vuelva a funcionar durante los próximos juegos. Si una gimnasta hace consciente su situación espacial mientras ejecuta una pirueta en un salto de potro seguramente perderá el control del salto.
De esta forma intento hacer comprender que la automatización en el deporte es muy deseable para conductas de ejecución fijas.
A partir de este punto entramos a estudiar cómo se realiza la automatización de conductas, y como casi siempre, suelo empezar con un ejemplo cotidiano:
Cuando me saqué el carnet de conducir, durante los primeros días debía prestar bastante atención cada vez que cambiaba de marcha: 1- Detectar la necesidad de cambiar a una marcha superior (o inferior, dependiendo del caso) mediante el sonido del motor o las revoluciones del mismo. 2- soltar levemente el pedal del gas. 3- presionar el embrague al tiempo que acabo de soltar el pedal del gas. 4- Identificar la marcha necesaria. 5- Mover la palanca de cambios. 6- Sincronizar el apretar el pedal del gas al tiempo que suelto suavemente el del embrague.
Una cadena de conductas de cierta complejidad. Pero mientras realizo estas conductas no puedo dejar de atender a la carretera, ni al volante, ni al espejo retrovisor. Por eso, paulatinamente, voy desviando la carga atencional desde el proceso de cambio de marcha hacia otros aspectos de la conducción que requieren de atención continua. A base de repeticiones el proceso se va automatizando hasta el punto que el cambio de una marcha no requiere, a penas, un mínimo de atención.”
Pues bien, pienso que este ejemplo ilustra cómo se realiza un proceso de automatización (por ejemplo orientar correctamente la palma de la mano en el estilo “crol” de natación para arrastrar más agua).
En primer lugar, tener un conocimiento perfecto de la conducta a automatizar; pensemos que si cometemos algún error en la automatización también se ejecutará como parte de la conducta.
Realizar visualizaciones, tanto en tercera persona como en primera, de cómo será y se sentirá la ejecución.
Realizar algunos ensayos intentando la ejecución perfecta.
Cuando consideremos que hemos alcanzado la ejecución más perfecta posible determinar una proporción de ensayos con focalización hacia la ejecución y otra proporción para la ejecución sin focalización, es decir, sin prestar atención. Para ello sugiero que se prepare algún tipo de pensamiento distractor, como muy bien puede ser tararear una canción determinada. La razón de la proporción focalización/no focalización debe ir evolucionando de más proporción hacia la focalización hacia más proporción a la no focalización. En el retorno a la focalización hay que revisar los posibles desvíos que pueda haber habido durante el periodo de no focalización. Y así, ir reduciendo el periodo de atención hacia el de no atención hasta conseguir la completa automatización.
Puede que se vea complicado, pero vamos a reflejarlo en el ejemplo citado (natación).
Se desea orientar mejor la mano en el crol para conseguir más empuje. En primer lugar se intenta entender qué es exactamente lo que deseamos conseguir, mediante preguntas al entrenador, visualización de vídeos u otra fuente. Al obtener el concepto claro de lo que deseamos (la orientación de la palma de la mano) realizamos ejercicios de visualización; primero cómo queremos que se nos vea desde ciertas perspectivas, y a continuación qué sensaciones obtendremos al realizar tal conducta. Tras una buena visualización realizamos prácticas centrándonos en cómo hacemos las cosas hasta obtener la ejecución más cercana a lo que deseamos. El siguiente paso entra en el proceso de automatización en sí. Determinamos las proporciones de focalización (F)/no focalización (NF). Por ejemplo (pensando que entrenamos en una piscina de 50m.) nos marcamos nadar los primeros 25 metros centrando la atención en orientar las palmas de las manos correctamente; los últimos 25m. continuamos haciéndolo pero al tiempo que tarareamos (mentalmente) la canción elegida. Seguimos esta proporción durante 5 o 6 largos. En la próxima sesión modificaremos la proporción en favor de la no focalización, por ejemplo 20m.F/30m.NF, y así hasta conseguir el 100% NF, es decir, la automatización.
En el caso de que se automatice algún tipo de error en la conducta, es tan simple como realizar una nueva automatización, previa desautomatización, focalizando en cada uno de los sub-procesos de la conducta.

En fin, que el cerebro nos brinda la oportunidad de ahorrar recursos atencionales mediante los procesos de automatización dando seguridad a la ejecución y liberando dichos recursos para otros procesos implicados en la ejecución deportiva.


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