martes, 5 de mayo de 2015

Camino fácil, camino difícil

Ya que está tan de moda el tema del "coaching" y la Programación Neuro Lingüística, ramas con las que no comulgo mucho por su elevado nivel de generalidad y efectividad limitada, no voy a ser menos y reproduzco la ponencia de Wayne Goldsmith en el Junior Sports Science Symposium IV celebrado en Australia el pasado octubre.
La exposición versó sobre las pequeñas decisiones que jóvenes deportistas de élite debían tomar a diario, diferenciando dos vías: la vía fácil (easy street) y la vía difícil (hard road). Según Goldsmith la acumulación de decisiones a través de la vía difícil es la forma de llegar al objetivo que se persigue (¿¿??).
A continuación describió los siguientes ejemplos de comparación entre Hard Road e Easy Street:
  • Camino fácil: Por las mañanas mis padres me tienen que despertar.
  • Camino difícil: Programo el despertador para levantarme por mí mismo.
  • Camino fácil: Estoy en la cama hasta el último momento.
  • Camino difícil: Me levanto de inmediato.
  • Camino fácil: Desayuno mal, o peor, no desayuno.
  • Camino difícil: Me preparo un buen desayuno, con alto contenido en proteínas.
  • Camino fácil: Voy apresurado por las mañanas y apenas llego a tiempo.
  • Camino difícil: Suelo afrontar las mañanas con un buen estado de ánimo y me preparo para lo que me trae el día.
  • Camino fácil: Si llego tarde al entrenamiento suelo culpar a mi madre, al transporte público, a mis compañeros, etc...
  • Camino difícil: Si llego tarde al entrenamiento asumo la culpa e intento remediarlo para que no vuelva a pasar.
  • Camino fácil: Me entretengo con mis compañeros y espero que el entrenador de la señal para comenzar el entrenamiento.
  • Camino difícil: Llego temprano, caliento por mí mismo y me preparo para entrenar.
  • Camino fácil: Hago lo que me manda el entrenador.
  • Camino difícil: Hago lo que me manda el entrenador y de las forma en que lo desea.
  • Camino fácil: Entreno físicamente.
  • Camino difícil: Entreno físicamente, mentalmente y comprometido emocionalmente.
  • Camino fácil: Cuando el entrenador nos llamo voy andando.
  • Camino difícil: Cuando el entrenador nos llama voy corriendo.
  • Camino fácil: Durante los descansos me agarro a la botella de agua.
  • Camino difícil: Durante los descansos ofrezco agua a mis compañeros de entrenamiento.
  • Camino fácil: Cuando el entrenador da por acabado el entrenamiento me paro.
  • Camino difícil: Al final de la sesión hago extras.
  • Camino fácil: Al final del entrenamiento hablo con mis compañeros y me voy a casa.
  • Camino difícil: Al final del entrenamiento le pido al entrenador retroalimentación sobre mi rendimiento.
  • Camino fácil: Al acabar el entrenamiento pillo algo rápido para comer de camino a casa.
  • Camino difícil: Al final del entrenamiento consumo la dieta y fluidos aconsejados.
  • Camino fácil: Cuando llego a casa me tiro en el sofá a ver la tele.
  • Camino difícil: Cuando llego a casa hago mis ejercicios con el rodillo de espuma durante 10 minutos.
  • Camino fácil: Ceno de algo rápido pre-cocinado o en el microondas.
  • Camino difícil: Ceno de verduras frescas, mucho color en el plato y proteínas de buena calidad.
  • Camino fácil: Paso bastante tiempo en el Facebook.
  • Camino difícil: Preparo mi mochila para mañana.
  • Camino fácil: Mi habitación es un poco desastrosa, llena de cables y aparatos eléctricos cargando.
  • Camino difícil: Mi habitación está ordenada y perfecta para dormir.
Evidentemente es un decálogo de buenas intenciones, un "cómo deberían ser las cosas", pero faltan las herramientas para conseguir un cambio de estilo de vida: tener en cuenta las características de personalidad, un programa de refuerzos y de estrategias de aprendizaje, un adiestramiento en control atencional, generar habilidades de regulación de la activación, estrategias de focalización, y un largo etcétera.
Intentar estos cambios sin tener en cuenta las bases neurales y bioquímicas de la conducta es como hacer una casa sin cemento.


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